
Andy se rascó la barbilla.
– No estoy seguro de si se pueden presentar cargos contra un ciervo mirón.
– De todas formas, no los presentaría. El único vecino que de verdad me molesta es Cleopatra, es una mapache ladrona, y se lleva todo lo que no está clavado o bien sujeto. ¿Quieres más café?
– Gracias, pero no tengo más remedio que marcharme. Nunca había oído que llamasen a una mapache Cleopatra.
– La verdad es que le queda como anillo al dedo. Si la vieras, te enamorarías de ella. Todas las primaveras tiene crías. Yo creo que su éxito reside en la mirada. Es la de una mujer fatal.
Volvió a hacerle reír, pero estaban ya en la cocina para recoger su abrigo, de modo que sólo le quedaban unos minutos para poder hablar de algo serio.
– ¿Maggie?
Ella ladeó la cabeza al percibir su cambio de tono.
– Estás muy aislada en este lugar. ¿De verdad te manejas bien desde el accidente?
– Sí, de verdad. Muy bien.
– ¿Y sin coche?
– Bueno, no tengo más remedio que salir a comprar, claro…, lo cual es ya de por sí una maldición, pero me manejo bien. Colin me ha traído algunas verduras, y en esta época del año tengo siempre el congelador lleno porque suele haber alguna ventisca antes de Navidad. Así que estoy bien, de verdad.
– ¿Quieres que te acompañe a ver coches cuando decidas comprarte uno?
Ella había hecho una pausa para mover la salsa de los espagueti y lo miró sorprendida.
– Si te digo la verdad, eso es algo que no le pediría ni a mi peor enemigo, pero, si lo dices en serio… estaré encantada.
– Claro que lo digo en serio. ¿Te dijo el médico que podías salir sin problemas?
– El médico me dijo que debía pasar un par de días en la cama, y yo he descansado hasta que ya no he podido más.
