– No soy capaz de recordar nada de…

– No te preocupes, cariño. Has de tener un poco de paciencia. Un accidente es siempre una agresión tremenda para el sistema, y cuando el organismo ha producido toda esa adrenalina, la cabeza necesita después un poco de tiempo para recuperarse.

La enfermera le tomó el pulso y le colocó el puño para tomarle la tensión. Parecía tener cinco manos.

– No tienes que preocuparte por nada. Hombre, no es que vayas a poder presentarte a un concurso de belleza hasta dentro de unos días, pero no hay huesos rotos ni daños internos, aunque sé que tú tendrás la sensación de haberte peleado con una compañía de marines, ¿a que sí? Tienes un chichón de campeonato en la cabeza y unas cuantas magulladuras tamaño olímpico, pero todo eso desaparecerá antes de que puedas darte cuenta. El doctor Howard vendrá a verte enseguida. Hemos estado esperando a que te despertaras. Y el sheriff también está esperando para verte… ¿conoces a Andy Gautier? Es un encanto. Si te sientes con fuerzas, tiene que hacerte algunas preguntas sobre el accidente.

– Me parece que voy a servirle de bien poco. No recuerdo nada -la voz empezaba a sonarle con más fuerza y hasta la habitación iba cobrando nitidez. Lo único que seguía borroso era su estúpida cabeza-. Maldita sea… no recuerdo nada. Nada de nada.

– No te angusties por eso. Si quieres, podemos intentarlo con las cosas más básicas. Vamos a ver: ¿sabes cómo te llamas?

Experimentó un enorme alivio al recordarlo.

– Maggie. Maggie Fletcher.

– ¿Lo ves? En tu carné de conducir dice que tienes veintinueve años, pelo castaño, ojos verdes y que pesas cincuenta kilos. ¿Te suena?

Maggie habría asentido, pero con cualquier mínimo movimiento de la cabeza tenía la sensación de que alguien aplastaba vidrio dentro.



2 из 124