
– Creo que mentí en lo del peso.
La enfermera se echó a reír.
– Todos lo hacemos, querida. ¿Y tu dirección? ¿La recuerdas?
– 302 River Creek Road.
– Otro acierto. Vamos a probar con unas cuantas más difíciles. ¿Sabes qué día es hoy, y dónde estás?
– Sí. Es viernes…, el viernes después de Acción de Gracias. Y no he estado aquí nunca, pero esto tiene que ser el hospital de White Branch.
La preocupación de la enfermera iba desapareciendo rápidamente. Todo estaba allí. Era como si alguien hubiese encendido la luz y todos los detalles de su vida reaparecieran de pronto. Recordó su cabaña, su trabajo, que había cenado en casa de su hermana la noche de Acción de Gracias. No estaba perdida. Todo iba bien.
Lo único que no podía recordar era ni un solo detalle de lo ocurrido después de la cena. Las veinticuatro horas anteriores al accidente eran simplemente un vacío, y ello no le importaría particularmente de no tener la sensación de haber hecho algo mal.
En opinión de la enfermera, que fuese capaz de contestar a esas preguntas era síntoma inequívoco de que no había de qué preocuparse.
– ¿Lo ves? ¿Qué te había dicho? Estás empezando a recordarlo todo. Tu sistema ha sufrido un golpe tremendo y es perfectamente normal que te sientas algo aturdida.
– Pero sigo teniendo un vacío. No sé adónde iba, no recuerdo nada de lo que hice en todo el día, ni por qué conducía de noche y sola. Tampoco recuerdo nada del accidente… no me estará mintiendo, ¿verdad? Es decir, que no hay ningún otro herido, ¿no? Y que no ha sido culpa mía.
– Si supiera algo más, te lo diría, pero no lo sé. Mira, haremos un trato: tú cierra los ojos y descansa unos minutos. Tienes una vía sólo con glucosa en el brazo, pero no quiero que te levantes de la cama tú sola. Voy a buscar al médico, y si le parece bien una vez te haya examinado, dejaré entrar a Andy un momento y podrás preguntarle más detalles del accidente. ¿Te parece?
