Y ésa era la trampa. El retrato era tan próximo y tan minucioso que de pronto te descubrías encubriendo la maldad, compartiéndola, casi habiendo tomado partido por ella. Ahí radicaba la novedad, su profunda originalidad. Lo que lo hacía, en definitiva, profundamente aterrador.

Así que no lo dudé. Tras devorar el guión, en tan sólo unos días el guionista y yo nos pusimos a trabajar en la película. Acercarnos al alma de aquel personaje siniestro pero encantador. Concebir un microcosmos cercano y reconocible en el que la maldad y el retorcimiento pudiesen encontrar un hábitat cómodo y rico.

Pero enseguida nos dimos cuenta de que el material de partida era tal vez demasiado vasto para las posibilidades de la película que teníamos entre manos. El lenguaje del cine es particular y, a veces, hasta caprichoso. Tiene sus propias exigencias. Así que poco a poco, a medida que la película iba tomando forma y llenándose de vida propia, nos obligó a prescindir de algunas de las ideas y tramas del guión. La Nueva York original, por ejemplo, acabó siendo sustituida por una Barcelona más cercana que, por circunstancias personales de aquel momento, me resultaba mucho más cómoda a la hora de abordar la producción y el rodaje de la película. Eso nos obligó a modificar algunos personajes y suprimir otros, variar algunas tramas, adaptar el entorno y los hábitos.

El problema era que muchas de las ideas y los elementos de los que acabamos prescindiendo eran extraordinarios y brillantes. Y aquel proceso empezó a resultar frustrante y doloroso, como ocurre siempre, especialmente para un guionista.

Así que supongo que la idea de una novela debió de surgir en aquel momento. La película seguiría su camino, un camino propio y personal, se gestaría, nacería y se revelaría de sus creadores como ocurre siempre con las películas.

Pero el germen brillantísimo que habitaba la mente de Alberto Marini seguiría creciendo y alumbraría esta novela que tenéis entre las manos, que agranda el universo de aquel guión y la película que generó, lo enriquece, crea nuevos matices y caminos, nuevas y sutilísimas tramas. Una novela que es, tal vez sin quererlo, lo que la película nunca podría alcanzar a ser.



2 из 287