
Y en esta nueva línea de discusión sobre novelas y películas, dejad que os dé algunas pistas sobre la verdadera conveniencia: ved la película y leed la novela (el guión os lo podéis saltar), sin un orden premeditado, porque da igual por donde empecéis o las veces que lo hagáis.
Sea como sea, acabaréis irremediablemente atrapados en las redes invisibles de nuestro hombre. Sobre eso no hay discusión posible.
JAUME BALAGUERÓ
1
El sonido intermitente del despertador del reloj de pulsera. Un tono irregular, discreto, apenas audible, pero suficiente para que Cillian abriera los ojos sobresaltado.
Se apresuró a apagar la alarma. Y, de nuevo, el silencio envolvió la habitación, roto sólo por la respiración de Cillian y un hálito más leve y ligeramente más acelerado que provenía de detrás de su espalda.
Con la mano aún sobre el reloj, giró el cuello procurando reducir al mínimo su movimiento sobre el colchón; la chica que dormía a su lado no se había despertado. Seguía en su sueño profundo, con la cara escondida detrás de su rizado pelo rojo. Se fijó en su pecho, que se movía rítmicamente bajo la presión del aire que entraba en los pulmones y lo apretujaba contra el colchón. Tenía la boca un poco abierta; no respiraba por la nariz, pero por lo menos no roncaba.
Cillian permaneció tumbado en la cama, destapado, en pantalón de pijama y camiseta. Su protocolo habitual mientras la esperaba.
Y puntual, como cada mañana, no se hizo de rogar. Esa conmoción que le embestía a los pocos segundos de despertarse, oprimiéndole el pecho sin dejarle casi respirar, llegó precisa y desgarradora, como siempre.
