
Se puso una camisa blanca y un pantalón negro, con una raya gris en el lateral. Unos zapatos de cuero negro y, por último, su chaqueta negra con botones grises y la gorra a juego.
Cillian tenía entonces treinta años, tres meses y seis días… Y hasta ese momento se había sobrevivido a sí mismo.
2
Elegante con su uniforme de trabajo, subió al vestíbulo del edificio y empezó su rutina diaria: abrió la garita dejó un bolígrafo y la libreta negra, bien dispuestos, encima de la pequeña mesa de madera.
Salió entonces a abrir la cancela de hierro. Los barrotes estaban congelados y le costó desbloquearlos. Barrió después el polvo de nieve que se había depositado delante de la entrada. Si algún inquilino se hubiera resbalado, él habría tenido problemas. Era meticuloso en su trabajo, no dejaba nada al azar.
Un estruendo.
Fue como un relámpago, que consiguió captar sólo con el rabillo del ojo. Algo había impactado violentamente contra la acera, a pocos metros de él. Un golpe tremendo, duro, sordo. El portero dio un paso atrás, sobrecogido. La escoba se le resbaló de las manos.
Se trataba de un cuerpo humano. Estaba tendido en el suelo, con la cara hacia la calle, y no había en él ninguna señal de vida. El impacto había sido demasiado brutal para dejar abierta una mínima esperanza de supervivencia. El cadáver yacía en un charco de sangre rojo oscuro que se dispersaba rápidamente por la acera, mezclándose con la nieve.
Cillian se asomó a la puerta. El muerto llevaba puesto el mismo pantalón de pijama y la misma camiseta que tenía el portero en la azotea. A pocos centímetros de sus pies se encontraba una mochila idéntica a la de Cillian, de la que asomaban unas prendas arrugadas y unas zapatillas de deporte.
Recogió la escoba con los ojos cerrados. Cuando volvió a abrirlos, en la acera ya no había nadie. No había rastro del cuerpo ni de la mochila; la nieve volvía a lucir un blanco inmaculado. Una de sus alucinaciones. Todo había sido fruto de su creativa y vívida imaginación. Que a su vez era fruto de la conciencia de que, con el tiempo, se había vuelto cada vez más exigente, cada vez más difícil de autosatisfacer.
