Le gritó al automovilista que, ya que no respetaba a los vecinos, al menos podría tener un poco de consideración hacia la gente que tenía un trabajo difícil. Como respuesta, obtuvo una serie de improperios de parte del conductor. El camión de la basura acabó por echarse a un lado, y el coche se alejó con un chirrido de los neumáticos.

– ¿Qué ha sido eso? -preguntó Antoine.

– ¡Nada! ¿Qué decías sobre Londres?

Capítulo 2

Londres, algunos meses más tarde

Laprimavera había llegado. Y, aunque en aquellos primeros días de abril el sol se escondía todavía detrás de las nubes, la temperatura no permitía duda alguna sobre la llegada de la estación. El barrio de South Kensington estaba en plena efervescencia. Los puestos de los vendedores rebosaban de frutas y verduras, bellamente colocadas; la tienda de flores de Sophie también estaba llena, y la terraza del restaurante de Yvonne estaba a punto de abrir. A Antoine se le amontonaba el trabajo. Después de comer, había atrasado dos citas para seguir el avance en las tareas de pintura de una preciosa pequeña librería en la esquina de Bute Street.

Las estanterías de la French Bookshop estaban protegidas por plásticos, y los pintores estaban dando los últimos retoques. Antoine miró su reloj con inquietud y se volvió hacia su socio.

– ¡Es imposible que acaben esta tarde!

Sophie entró en la librería.

– Volveré a venir esta tarde para entregarte el ramo. La pintura ama las flores, pero no es recíproco.

– Al paso que van las cosas, mejor vuelve mañana -respondió Antoine.

Sophie se acercó a él.

– Va a dar saltos de alegría, que falte una escalera o una aquí y allá no es grave.

– Hasta que esté acabado del todo, no estará bien.

– Eres un maniático. Bueno, cierro la tienda y vengo a echaros una mano. ¿A qué hora llega?



10 из 227