
– ¿Has aceptado?
– No se puede rechazar cuatro veces una promoción.
– ¡Ésta habría sido la tercera vez, si las cuentas no me fallan-repuso Mathias.
– Creía que lo comprenderías -dijo Valentine con calma.
– Lo que entiendo es que ahora que llego, tú te vas.
– Vas a hacer tu sueño realidad, vas a vivir con tu hija -dijo Valentine sin apartar la mirada de Emily, que estaba dibujando en su cuaderno-. La voy a echar muchísimo de menos.
– Es tu hija. ¿Qué crees que va a pensar ella?
– Te quiere más que a nada en el mundo, y además, la custodia compartida no tiene por qué ser obligatoriamente una semana cada uno.
– ¿Insinúas que es mejor si vive tres años con cada uno?
– Simplemente vamos a cambiar los papeles, tú me la enviarás durante las vacaciones.
Yvonne salió de la cocina.
– ¿Todo va bien? -preguntó ella, tras dejar el vaso de diabolo frío ante Valentine.
– ¡Formidable! -respondió Mathias vivamente.
Yvonne, dudando, los miró alternativamente y se volvió a sus cazuelas.
– Seréis felices juntos, ¿no crees? -preguntó Valentine tras sorber por la pajita.
Mathias estaba haciendo trizas un trozo de madera que salía del mostrador.
– ¡Si me lo hubieras dicho hace un mes, todos podríamos haber sido felices… en París!
– Venga, ¿no crees que todo irá bien? -preguntó Valentine.
– ¡Todo irá formidablemente bien! -dijo gruñendo Mathias, que acabó de arrancar el trozo de mostrador-. Ya adoro el barrio. ¿Y cuándo piensas hablar con tu hija?
– Esta tarde.
– ¡Formidable! ¿Y cuándo te vas?
– A finales de semana.
– ¡Formidable!
Valentine posó su mano sobre los labios de Mathias.
