– No -respondió Valentine. -Sí, estoy seguro, tienes aspecto de estar cansada. -No lo estaba antes de que me preguntaras, pero puedo llegar a estarlo si quieres. -¡Ves cómo lo estás! -Emily está deseando dormir en tu casa esta noche.

– Pues ni siquiera he tenido tiempo de echarle una ojeada. Mis muebles llegan mañana.

– ¿No has visto tu piso antes de mudarte?

– No he tenido tiempo, todo se precipitó. Tenía muchas cosas que arreglar en París antes de venir aquí. ¿Por qué sonríes?

– Por nada -respondió Valentine

– Me gusta cuando sonríes así por nada.

Valentine pestañeó.

– Yo adoro cuando tus labios se mueven así.

– Ya vale -dijo Valentine con voz dulce-. ¿Necesitas que yo te eche una mano para instalarte?

– No, ya me las arreglaré. ¿Quieres que desayunemos juntos mañana? Vamos, si tienes tiempo.

Valentine respiró hondo y le pidió a Yvonne un diabolo frío.

– Puede que no estés cansada, pero en todo caso, estás contrariada. ¿No será porque voy a instalarme en Londres? -repuso Mathias.

– Pues claro que no -dijo Valentine mientras acariciaba con la mano la mejilla de Mathias-, al contrario.

El rostro de Mathias se iluminó.

– ¿Cómo que al contrario? -preguntó él con un hilo de voz.

– Tengo que decirte una cosa -susurró Valentine-, y Emily todavía no está al corriente de la misma.

Inquieto, Mathias acercó su taburete.

– Me vuelvo a París, Mathias. El cónsul acaba de proponerme la dirección de un servicio. Es la tercera vez que me ofrecen un puesto importante en el Quay d'Orsay. Siempre he dicho que no, porque no quería cambiar de escuela a Emily. Se ha construido una vida aquí, y Louis se ha convertido en un hermano para ella. Ella ya piensa que le quité a su padre, así que no quiero que me reproche también haberle quitado a sus amigos. Si no hubieras venido a instalarte a Londres, probablemente lo hubiera rechazado de nuevo; pero ahora que tú estás aquí, todo cuadra.



16 из 227