
– ¿Vuelves mañana a Londres? -preguntó Mathias.
– Esta tarde.
– Entonces, ¿no cenamos juntos?
– A menos que cojas el tren conmigo…
– ¡Mañana trabajo!
– Vente a trabajar allí.
– No empieces otra vez. ¿Qué quieres que haga yo en Londres?
– ¡Ser feliz!
Capítulo 1
Londres, algunos días después
Sentado en su despacho, Antoine redactaba las últimas líneas de una carta. La releyó y, satisfecho, la dobló cuidadosamente untes de deslizaría en su bolsillo.
Las persianas de las ventanas que daban a Bute Street filtraban la luz de un bello día de otoño, bañando los entarimados de madera clara del gabinete de arquitectura.
Antoine cogió la chaqueta colgada en el respaldo de su silla, se ajustó las mangas de su jersey y se puso a caminar con paso rápido hacia la recepción. Se paró por el camino y se inclinó por encima del hombro de su jefe de agencia para estudiar el plan que estaba trazando. Antoine movió la escuadra y corrigió una línea. McKenzie se lo agradeció asintiendo con la cabeza; Antoine lo saludó con una sonrisa y volvió a dirigirse a recepción sin dejar de mirar su reloj.
En las paredes colgaban fotografías y dibujos de los proyectos realizados por la agencia desde que ésta se había creado.
– ¿Esta tarde coge usted la baja? -preguntó él a la recepcionista.
– Eh, sí, ya es hora de traer al mundo a este bebé.
– ¿Niño o niña?
La joven esbozó una mueca a la vez que se ponía la mano sobre su vientre redondo.
– ¡Futbolista!
Antoine rodeó el escritorio, la abrazó y la apretó contra él.
– Vuelva pronto…, no demasiado, ¡pero rápido, no obstante! En fin, vuelva cuando quiera.
Él se alejó a la vez que le hacía una pequeña señal con la mano y empujó las puertas de vidrio que conducían a los ascensores.
