
Hallinen y Lawton preguntaron a Ellroy por la vida social de su ex esposa. Respondió que Jean era una mujer reservada que se guardaba las cosas para sí. Mentía cuando le convenía, y, en realidad, no tenía los treinta y siete años que declaraba, sino cuarenta y tres. Era promiscua y alcohólica. Su hijo la había sorprendido en la cama con desconocidos en varias ocasiones. Su reciente traslado a El Monte sólo podía deberse a que huía de algún degenerado con el cual salía, o bien a que iba al encuentro de éste. Jean se mostraba reservada acerca de su vida privada porque sabía que él quería demostrar que era una madre incompetente y conseguir con ello la plena custodia de su hijo.
Hallinen y Lawton preguntaron a Ellroy el nombre concreto de los amigos de su ex esposa. Respondió que sólo conocía uno: Hank Hart, un tipo gordo, oficinista, al que le faltaba un pulgar.
Hallinen y Lawton agradecieron a Ellroy su colaboración y se dirigieron hacia una sala de interrogatorio situada al fondo del pasillo. Unos agentes fuera de servicio hacían compañía al hijo de la víctima.
El chico estaba bastante animado. Se mantuvo serio y sereno durante toda la entrevista.
Hallinen y Lawton lo trataron con delicadeza. El muchacho confirmó hasta el menor detalle el relato de su padre sobre el fin de semana. Dijo que sólo conocía el nombre de dos de los hombres con quienes su madre se veía: Hank Hart y un maestro de su escuela llamado Peter Tubiolo.
Eran las nueve de la noche. Ward Hallinen dio un caramelo al chico y lo acompañó por el pasillo a ver a su padre.
Armand Ellroy abrazó a su hijo, que le devolvió el abrazo. Los dos parecían aliviados y extrañamente felices.
Armand Ellroy obtuvo la custodia del chico. Un agente los llevó a la estación de autobuses de El Monte. Tomaron el Freeway Flyer de las 9.30 de regreso a Los Ángeles.
