Él y su colaborador desnudaron el cuerpo y lo colocaron boca arriba en la camilla.

Había una pequeña mancha de sangre seca en la palma de la mano derecha de la víctima, así como una pequeña escoriación cerca del centro de la frente.

A la víctima le faltaba el pezón derecho. Por el tejido cicatrizal blanquecino que coronaba la areola parecía tratarse de una antigua amputación quirúrgica.

Hallinen le quitó el anillo a la víctima. El ayudante del forense midió el cuerpo, un metro sesenta y siete, y calculó su peso en sesenta y dos kilos. Lawton se marchó a dar los datos a la Central y a la Brigada de Personas Desaparecidas de la Oficina del Sheriff.

El ayudante del forense cogió un bisturí y efectuó una profunda incisión de quince centímetros de longitud en el abdomen de la víctima. Abrió la incisión con los dedos, introdujo un termómetro en el hígado y midió una temperatura de treinta y cinco grados. Calculó que la muerte se había producido entre las tres y las cinco de la madrugada.

Hallinen examinó las ligaduras. La media y el cordón de algodón estaban atados al cuello de la víctima por separado. El cordón parecía el de una persiana veneciana, o tal vez se tratase de una cuerda de colgar la ropa.

El cordón había sido anudado en la parte posterior del cuello de la víctima. El asesino lo había atado tan fuerte que uno de los extremos se había roto; el cabo deshilachado y la diferencia de longitud entre ambas puntas demostraban el hecho de forma concluyente.

La media que rodeaba el cuello de la víctima era idéntica a la que tenía en torno al tobillo izquierdo.

El ayudante del forense cerró el furgón y se llevó el cuerpo al depósito del condado de Los Ángeles. Jack Lawton emitió un anuncio por la banda policial:

Alerta a todas las unidades del valle de San Gabriel: varones sospechosos con cortes y arañazos recientes.

Ward Hallinen reunió a varios reporteros de radio. Les dijo que lo emitieran por las ondas locales:



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