
Encontrada muerta mujer blanca. Cuarenta años. Pelirroja. Ojos azulados. Un metro sesenta y siete. Sesenta y dos kilos. Dirigir a los posibles informadores al Departamento de Policía de El Monte o a la Oficina del Sheriff de Temple City.
El jefe Davis y el capitán Bruton se dirigieron hacia la Central de la policía de El Monte. Allí se unieron a ellos tres hombres de Homicidios: el inspector R.J. Parsonson, el capitán Al Etzel y el teniente Charles McGowan.
Se aprestaron para una sesión de reflexión. Bruton llamó a los departamentos de Policía de Baldwin Park y Pasadena, a la Oficina del Sheriff de San Dimas y a la Policía de Covina y de West Covina. Repasó con ellos los datos de la víctima y obtuvo idéntica respuesta: no encajaba con la descripción de ninguna de las mujeres cuya desaparición había sido denunciada últimamente.
Agentes uniformados y policías de El Monte rastrearon los patios del instituto Arroyo. Hallinen, Lawton y Andre hicieron lo propio en el vecindario más próximo.
Hablaron con la gente que paseaba y con quienes tomaban el sol en sus jardines. Hablaron con una larga serie de clientes en la lechería. Los agentes describieron a la víctima y en todas las ocasiones recibieron la misma respuesta: No sé de quién me habla. La zona era residencial y medio rural. Casas pequeñas intercaladas con parcelas vacías y manzanas de terreno baldío. Hallinen, Lawton y Andre consideraron que era inútil continuar con las averiguaciones.
Se dirigieron en el coche patrulla hacia el sur, en dirección a las autovías principales de El Monte: Ramona, Garvey, Valley Boulevard. Recorrieron una serie de cafés y algunos bares. Hablaron de la pelirroja y recibieron una serie de respuestas negativas.
El examen inicial resultó inútil.
El rastreo de la zona resultó inútil.
Ninguna patrulla informó acerca de varones sospechosos que presentasen cortes y arañazos.
