La señora Krycki les enseñó una foto de Jean Ellroy. El rostro encajaba con el de la víctima.

La señora Krycki dijo que la noche anterior, hacia las ocho, vio a Jean salir del bungaló. Iba sola. Se marchó en su coche y no volvió. El coche no estaba en el garaje ni en el sendero de entrada de la casa. La señora Krycki declaró que la víctima y su hijo se habían trasladado al bungaló hacía cuatro meses. Dijo que el chico pasaba los días laborables con la madre y los fines de semana con el padre. Jean procedía de un pueblecito de Wisconsin. Era una mujer trabajadora y callada que no hablaba de sí misma. Tenía treinta y siete años.

El padre del chico había pasado a recoger a éste en taxi el sábado por la mañana. El día anterior, por la tarde, la señora Krycki había visto a Jean ocuparse del jardín. Hablaron un poco, pero Jean no le comentó qué planes tenía para la noche.

Virg Ervin preguntó por el coche de la víctima. ¿Dónde ponía gasolina, normalmente?

La señora Krycki le dijo que averiguara en la estación de servicio de Union, 76. Ervin pidió el número a Información, llamó a la gasolinera y habló con el propietario. El hombre repasó sus registros y volvió al aparato con un número de matrícula: California/KFE 778.

Ervin facilitó el número a la centralita del Departamento de Policía de El Monte. La centralita difundió el dato a todas las unidades de la policía local y de la Oficina del Sheriff.

La entrevista continuó. Hallinen y Lawton insistieron en un tema: la víctima y los hombres con quienes se relacionaba.

La señora Krycki dijo que la vida social de Jean era limitada. No daba la impresión de que tuviese novios. Salía sola en ocasiones, y, por lo general, regresaba temprano. No acostumbraba beber mucho. A menudo decía que quería dar buen ejemplo a su hijo.



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