
En el Departamento de Policía de El Monte se recibió una llamada. El comunicante dijo que acababa de oír un boletín por la radio. La mujer que habían encontrado en el instituto le recordaba a su inquilina.
El encargado de la centralita llamó por radio a Virg Ervin y le dijo que fuese a ver a la mujer al 700 de Bryant Road.
La dirección estaba en El Monte, a un kilómetro y medio al sudeste del instituto Arroyo. Ervin se dirigió hacia allí y llamó a la puerta.
Abrió una mujer. Se identificó como Anna May Krycki y declaró que la descripción de la muerta encajaba con la de su inquilina, Jean Ellroy. Jean había salido de su casita en la propiedad de los Krycki la noche anterior, alrededor de las ocho. Había pasado toda la noche fuera y aún no había regresado.
Ervin describió el gabán y el vestido de la víctima. Anna May Krycki dijo que le recordaban la ropa favorita de Jean. Ervin describió la cicatriz en el pecho derecho de la víctima. Anna May Krycki dijo que Jean le había enseñado la marca.
Ervin volvió al coche y radió la información a la centralita de El Monte. El oficial de guardia envió un coche patrulla a buscar a Jack Lawton y a Ward Hallinen. El coche los encontró en menos de diez minutos. Luego, los llevó directamente a casa de los Krycki.
Hallinen mostró de inmediato el anillo de la víctima. Anna May Krycki lo identificó como perteneciente a Jean Ellroy.
Lawton y Hallinen se sentaron con ella y la interrogaron. Anna May Krycki dijo estar casada. Su marido se llamaba George, y tenía un hijo de doce años, llamado Gaylord, de un matrimonio anterior. Jean Ellroy también era, técnicamente, «señora de», pero llevaba varios años divorciada de su esposo. El verdadero nombre de Jean era Geneva. El segundo nombre, Odelia, y su apellido de soltera, Hilliker. Jean era enfermera diplomada. Trabajaba en una fábrica de piezas para aviones en el centro de Los Ángeles. Ella y su hijo de diez años vivían en el pequeño bungaló de piedra que se alzaba en el jardín trasero de los Krycki. Jean conducía un Buick rojo y blanco del 57. El hijo pasaba el fin de semana con su padre, en L.A., y volvería en unas horas.
