
– Hicieron que pareciese una guarrería -continuó Christian-. «Rosas», decían. «De seda.» Nunca las llamaron ropa interior ni ropa íntima ni bragas a secas. Bragas rosas de seda. Como si eso fuera importante. En un canal de televisión llegaron incluso a entrevistar a una modelo de Victoria's Secret para que comentara qué le parecían. Bragas rosas de seda. Como si Kathy se lo hubiera buscado. Se cebaron con ella como si tal cosa…
Llegados a aquel punto, a Christian se le apagó la voz. Myron no dijo nada. Christian estaba incubando algo y Myron rezó para que no fuera una crisis nerviosa.
– Bueno, supongo que debería ir al grano -dijo Christian finalmente.
– Tranquilo, no hay prisa. No tengo que ir a ningún sitio.
– Hoy he visto una cosa. He… -Christian se detuvo y miró a Myron. Myron le devolvió la mirada con expresión suplicante-. Puede que Kathy aún esté viva.
Aquellas palabras le causaron la misma impresión a Myron que una bofetada. Myron estaba preparado para escuchar lo que fuera, podría haberse imaginado que Christian le diría cualquier cosa, pero que Kathy Culver seguía con vida no era una de ellas.
– ¿Qué?
Christian pasó por delante de él y abrió el cajón del escritorio. También aquel escritorio parecía salido de una antigua teleserie. Estaba despejado de trastos y papeles. Sólo dos latas, una con bolígrafos Bic y la otra con lápices afilados del número dos. Una lámpara de pie. Un bloc de notas con calendario. Un diccionario, otro de sinónimos y el libro de redacción The Elements of Style entre dos soportes con forma de globo terráqueo.
