
– La revista Pezones la pública HDP -respondió Win.
– ¿HDP?
– Hot Desire Press -contestó Win, y tomó otra batcurva con el Jaguar a ciento treinta.
– ¿Has oído hablar alguna vez de los límites de velocidad? -se quejó Myron.
– Las oficinas de la editorial están en Fort Lee, Nueva Jersey -dijo Win haciendo caso omiso de la queja de su amigo.
– ¿Las oficinas de la editorial?
– Sí, tenemos una cita con el señor Fred Nickler, el editor jefe.
– Su madre debe sentirse muy orgullosa de él.
«Ya está moralizando -pensó Win-, qué bien.»
– ¿Y qué le has dicho al señor Nickler? -inquirió Myron.
– Nada. Llamé y pregunté si podíamos hablar con él. Y dijo que sí. Parecía un tipo muy amable.
– Estoy seguro de que es un encanto -dijo Myron mirando por la ventanilla. Los edificios pasaban por su lado como una mancha informe. Se hizo el silencio de nuevo, y luego Myron añadió-: Probablemente te estés preguntando qué hacía Jessica en mi despacho.
Win le contestó encogiendo los hombros con cierta desgana. No le gustaba ser cotilla.
– Es por el asesinato de su padre. La policía dice que fue un robo, pero ella no lo cree.
– ¿Y qué cree que ocurrió?
– Cree que el asesinato y la desaparición de Kathy están relacionados.
– Esto se pone cada vez más interesante. ¿Vamos a ayudarla?
– Sí.
– Bieeen. ¿Y nosotros creemos que hay una relación entre ambos hechos?
– Sí.
– Sí -asintió Win.
Aparcaron en la entrada de un edificio que tanto podía haber sido un bonito almacén como un espacio de oficinas de alquiler barato. No había ascensor, pero daba igual porque sólo tenía tres plantas y HDP, Inc. estaba en la segunda. Cuando entraron en la recepción, Myron se quedó un poco sorprendido. No tenía muy claro lo que esperaba encontrarse, pero nunca se hubiera imaginado que la casa de un comerciante sórdido pudiera ser tan… anodina.
