– No deberías leer esas porquerías.

– Pues estaba en la sala de espera del dentista, de verdad.

En ese momento se produjo una pausa incómoda, que Esperanza deshizo al señalar a Jessica y hacer un gesto de vómito colocándose el dedo en la boca para luego salir del despacho.

– Tan dulce como siempre -dijo Jessica entre dientes.

– ¿Dónde te hospedas? -preguntó Myron levantándose de la silla.

– En casa de mi madre -respondió Jessica.

– ¿Todavía tenéis el mismo número de teléfono?

– Sí.

– Te llamaré más tarde, entonces. Ahora tengo que irme con Win.

Jessica se quedó mirando a Win fijamente y éste le respondió con una sonrisa y una expresión neutra, como siempre.

– Esta tarde tengo una reunión con mi editor -dijo ella-, pero estaré en casa toda la noche.

– Perfecto. Te llamaré entonces.

Se produjo un punto muerto en el que nadie sabía muy bien cómo despedirse. ¿Con un ademán? ¿Con un apretón de manos? ¿Con un beso?

– Tenemos que irnos -dijo Myron finalmente, y acto seguido pasó junto a ella sin acercarse demasiado.

Win se encogió de hombros como queriendo decir «¡qué le vamos a hacer!» y se fue detrás de Myron. Jessica se quedó mirando cómo desaparecían por la puerta, como si fueran Batman y Robin yendo a la baticueva.

Luego también ella se marchó. Ya había visto a Myron dos veces y aún no se habían tocado, ni siquiera se habían rozado.

Era un detalle curioso en el que pensar.

Capítulo 6

– ¿Qué has descubierto? -preguntó Myron.

Win giró rápidamente hacia la derecha y su Jaguar XJR respondió sin apenas un chirrido. Llevaban diez minutos en el coche sin decir nada. Sólo el reproductor de CD de Win rompía el silencio. A Win le gustaban las canciones de musicales y en ese momento sonaba la parte de El hombre de La Mancha en la que don Quijote le canta a Dulcinea.



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