
—No me gusta Agatha Christie —dice Lissa—. Asesinatos, y después tratar de averiguar quién mató a quién. Nunca logro deducir qué es lo que pasa. Toda esa gente junta, en un tren…
—Estás hablando de “Asesinato en el Orient Express” —dice Neil—. Esa la vi.
—¿Esa es la película donde los van matando uno por uno? —dice el marido de Lissa.
—Esa la vi —dice el marido de Zoe—. En mi opinión, les pasó lo que se merecían, por andar solos cuando sabían muy bien que no tenían que separarse.
—Giza está a quince kilómetros de El Cairo —digo—. Para llegar hay que tomar un taxi.
Hay mucho tránsito.
—En esa también actuaba Peter Ustinov, ¿no? —dice Neil—. En la del tren.
—No —dice el marido de Zoe—. Era otro. ¿Cómo se llama?
—Albert Finney —dice Zoe.
Capítulo 4
Puntos de Interés
Las Pirámides están cerradas. A unos 45 metros de la base de Kheops hay una cadena que nos cierra el paso. De ella cuelga un cartel de metal que dice “Cerrado”, en inglés y japonés.
—Prepárense para la desilusión —digo.
—Creí que habías dicho que abrían todos los días —dice Lissa, sacudiendo la arena de las sandalias.
—Debe ser feriado —dice Zoe, hojeando la guía—. Aquí está. “Feriados de Egipto”.
—Comienza a leer—. “Los monumentos antiguos están cerrados durante el Ramadán, el mes de ayuno de los musulmanes, que es marzo. Los viernes, las atracciones cierran de once de la mañana a una de la tarde”.
No estamos en marzo ni es viernes y aunque fuera viernes es más de la una de la tarde. La sombra de Kheops se extiende hasta mucho más allá del lugar donde estamos parados. Levanto la vista, tratando de ver al sol donde debe estar, detrás de la pirámide, y atisbo un fugaz movimiento, allá en lo alto. Es demasiado grande para ser un mono.
