—Pediremos bebida para ustedes —dice el marido de Lissa. Nos saludan con la mano y parten como si supieran a dónde van, aunque Zoe no les ha dicho cómo se llama el hotel.

—“El Valle de los Reyes se encuentra en los montes ubicados al oeste de Luxor” —dice Zoe, y comienza a caminar por la arena igual que lo hizo en el aeropuerto. La seguimos.

Espero hasta que las sandalias de Lissa se llenan de arena y ella y Neil se quedan atrás mientras las sacude.

—Zoe —digo en voz baja—. Algo anda mal.

—Mmm —dice ella, buscando algo en el índice de la guía.

—El Valle de los Reyes está 668 kilómetros al sur de El Cairo —digo—. No se puede llegar caminando desde las Pirámides.

Ella encuentra la página.

—Claro que no. Hay que tomar un barco.

Señala y veo que hemos llegado a un cañaveral y que detrás está el Nilo.

Asomando la nariz por detrás de los juncos hay un barco; tengo miedo de que sea de oro, pero no es más que una de esas embarcaciones que recorren del Nilo. Y estoy tan aliviada de que el Valle de los Reyes no esté tan cerca como para llegar caminando que no reconozco el barco hasta que ya estamos a bordo y parados en cubierta, debajo de un palio, junto a la rueda de paletas de madera. Es el barco a vapor de “Muerte en el Nilo”.

Capítulo 5

Cruceros, Excursiones Diarias y Visitas Guiadas

En el barco, Lissa se descompone. Neil se ofrece a llevarla abajo y yo espero que ella acepte, pero menea la cabeza.

—Me duele el tobillo —dice y se hunde en una de las reposeras. Neil se arrodilla junto a su pie y le examina una lastimadura no más grande que una piastra—. ¿Lo tengo hinchado? —dice con angustia. No hay señales de hinchazón, pero Neil le quita suavemente la sandalia y toma el pie entre sus manos con ternura, acariciándolo. Lissa cierra los ojos y se recuesta en la reposera con un suspiro.



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