Hay un mapa que muestra un pasillo largo y recto (indicado con la palabra “Pasillo”) y las tres cámaras poco impresionantes que se suceden en fila: Antecámara, Cámara Mortuoria, Sala del Juicio.

Cierro el libro y vuelvo a ponerlo sobre el asiento de Zoe. El marido de Zoe sigue durmiendo. El de Lissa está espiando por encima del respaldo.

—¿Dónde están las azafatas? —pregunta—. Quiero otro trago.

—¿Estás seguro de que no me sale sangre? Siento un bulto —le dice Lissa a Neil, frotándose la cabeza—. ¿Crees que tengo conmoción cerebral?

—No —dice Neil, haciéndole girar la cabeza hacia él—. No tienes las pupilas dilatadas.

—La mira profundamente a los ojos.

—¡Azafata! —grita el marido de Lissa—. ¿Qué hay que hacer para que me sirvan más?

Zoe regresa, alborozada.

—Creyeron que era una guía turística profesional —dice, sentándose y abrochándose el cinturón—. Me preguntaron si podían incorporarse a nuestro grupo. —Abre la guía de viaje—. “El más allá estaba lleno de monstruos y semidioses con forma de cocodrilos, mandriles y serpientes. Estos monstruos podían destruir a los difuntos antes de que lograran llegar a la Sala del Juicio”.

Neil me toca la mano. —¿Tienes aspirinas? —me pregunta—. A Lissa le duele la cabeza.

Revuelvo mi cartera, buscándolas; Neil se levanta para ir a buscar un vaso de agua.

—Neil es tan considerado —dice Lissa, mirándome con ojos brillantes.

—“Para defenderse de estos monstruos y semidioses, a los difuntos se les hacía entrega del Libro de los Muertos —lee Zoe—. “El Libro de los Muertos” contenía una serie de instrucciones para el viaje y hechizos mágicos que protegían a al difunto”.

Pienso en cómo me las voy a ingeniar para sobrevivir al resto del viaje sin tener ningún hechizo mágico que me proteja. Seis días en Egipto y luego tres en Israel, y todavía falta el viaje de vuelta en un avión como este, sin nada que hacer durante quince horas, salvo mirar a Lissa y a Neil y escuchar a Zoe.



6 из 28