
Jason no me miró. Yo estaba helada de asombro. Era un gesto muy poco típico de él. ¿Habría madurado algo por fin?
– Soy de la clase que no quiere estar cerca de seres sobrenaturales como tu hermana -contestó Arlene. Se arrancó el delantal y, antes de irse al despacho de Sam a grandes zancadas para coger su bolso, le dijo al collie-: ¡Dejo este trabajo!
Puede que una cuarta parte de los presentes se mostrara alarmada y molesta. Y la mitad estaba fascinada con todo este drama. Eso dejaba a otra cuarta parte por decidirse. Sam gimió como un perrito triste y escondió el hocico entre las patas. En cuanto eso provocó la risa de todos, el incómodo momento se esfumó. Vi como Whit y su colega salían por la puerta delantera, y me relajé en cuanto su ausencia fue un hecho.
Por si Whit aprovechaba el momento para sacar una escopeta de su camioneta, miré a Bill, que se deslizó por la puerta tras él. Al segundo estaba de vuelta, haciendo un gesto con la cabeza para indicar que los de la Hermandad se habían largado.
En cuanto la puerta trasera se cerró tras Arlene, el resto de la noche fue bastante tranquila. Sam y Tray se metieron en el despacho del primero para volver a la forma humana y vestirse. Sam volvió después a su puesto tras la barra como si nada hubiese pasado, y Tray volvió a sentarse a la mesa con Amelia, quien le plantó un buen beso. Durante un tiempo, la gente se mantuvo alejada de ellos y hubo un buen número de miradas de soslayo; pero al cabo de una hora, el ambiente del Merlotte's parecía haber vuelto a la normalidad. Me encargué de atender las mesas de Arlene, y procuré mostrarme especialmente agradable con quienes aún no se habían decidido del todo acerca de los recientes acontecimientos.
