
La gente parecía animada a beber esa noche. Quizá sintieran aprensión por la otra forma corporal de Sam, pero desde luego no tenían ningún problema a la hora de acrecentar sus beneficios. Bill cruzó su mirada con la mía y alzó una mano para despedirse. Él y Clancy salieron del bar.
Jason trató de captar mi atención una o dos veces y su colega Mel me lanzó amplias sonrisas. Mel era más alto y delgado que mi hermano, pero ambos contaban con ese aspecto radiante y animoso de los hombres que no piensan y actúan conforme a sus instintos. A su favor, diré que Mel no parecía estar siempre de acuerdo con lo que decía Jason, al menos no de la misma forma que lo hacía Hoyt. Mel parecía un tipo legal, al menos de lo poco que lo conocía; y el hecho de que fuese uno de los pocos hombres pantera que no vivían en Hotshot también decía mucho a su favor, y puede que incluso fuese la razón de que él y Jason fueran tan buenos amigos. Eran como otros hombres pantera, pero también diferentes.
Sí volvía a hablar con Jason, tenía una pregunta reservada para él. En una noche tan importante para los cambiantes, ¿cómo era que no había aprovechado para llevarse una parte del protagonismo? Jason estaba demasiado agobiado con su naturaleza de hombre pantera, ya que a él lo habían mordido, no había nacido como tal. Eso quiere decir que había contraído el virus (o lo que sea) cuando otro hombre pantera lo mordió, en lugar de nacer con la habilidad, como era el caso de Mel. La forma alterada de Jason era humanoide, con pelo que le crecía por todo el cuerpo y rasgos y garras de pantera; escalofriante, según sus propias palabras. Pero no era un animal bello, y eso le pesaba como una losa. Mel era un purasangre, y resultaba tan impresionante como aterrador cuando se transformaba.
Puede que los hombres pantera tuviesen instrucciones de mantener su perfil bajo secreto porque esas criaturas eran sencillamente demasiado aterradoras. Si en el bar hubiese aparecido algo tan grande y letal como una pantera, la reacción de los parroquianos habría sido sin duda más histérica. Si bien las mentes de los cambiantes son difíciles de leer, pude sentir la decepción que atenazaba a las dos panteras. Estaba segura de que era decisión de Calvin Norris, su líder. «Bien pensado, Calvin», se me ocurrió.
