Después de ayudar en el cierre del bar, abracé a Sam al pasar por su despacho para recoger el bolso. Tenía aspecto cansado, pero feliz.

– ¿Estás tan bien como pareces? -pregunté.

– Sí. Mi verdadera naturaleza por fin ha salido del armario. Es liberador. Mi madre me prometió que se lo contaría a mi padrastro esta noche. Estoy esperando saber de ellos.

Justo en ese momento, sonó el teléfono. Sam lo cogió, aún sonriente.

– ¿Mamá? -dijo. Entonces su expresión cambió, como si se la hubieran arrancado de un latigazo-. ¿Don? ¿Qué has hecho?

Me senté en la silla frente al escritorio y aguardé. Tray había venido para tener una última charla con Sam, y le acompañaba Amelia. Ambos permanecieron tensos en el umbral de la puerta, ansiosos por saber lo que había pasado.

– Oh, Dios mío -exclamó Sam-. Iré lo antes posible. Saldré esta noche. -Colgó el teléfono con mucha suavidad-. Don le ha disparado a mi madre -dijo-. Cuando se transformó le disparó. -Nunca había visto a Sam tan preocupado.

– ¿Ha muerto? -pregunté, imaginando la respuesta.

– No -respondió-. No, pero está en el hospital con la clavícula fracturada y una herida de bala en el hombro izquierdo. Casi la mata. Si no hubiera saltado…

– Lo siento mucho -dijo Amelia.

– ¿Qué puedo hacer para ayudarte? -me ofrecí.

– Encárgate del bar mientras esté fuera -me pidió, sacudiéndose la conmoción-. Llama a Terry. Él y Tray pueden repartirse un horario para la barra. Tray, sabes que te pagaré en cuanto vuelva. Sookie, el horario de las camareras está en la pared, tras la barra. Por favor, encuentra a alguien para cubrir los turnos de Arlene.



15 из 237