
— ¡Señorita, peso mosca! — murmuró para sus adentros al salir.
El operador de radio se hallaba solo en la torre del aeropuerto del espacio, un jovenzuelo que no había salido nunca del planeta, y por ende conocía solamente Pyrran, mientras que Jason, después de su carrera como jugador profesional, hablaba o al menos tenía profundas nociones de la mayoría de los idiomas de la galaxia.
— En estos momentos está describiendo una órbita fuera del campo de acción — dijo el operador —. Volverá dentro de un momento. Habla un idioma muy raro — conectó el receptor, y al cabo de unos segundos, por encima de una trepidación de ruidos producidos por la atmósfera, se oyó una voz que crecía lentamente en intensidad.
— …jeg kan ikke førsta… Pyrrus, ¿kan dig hør mig…?
— No hay ninguna dificultad — dijo Jason acercándose al micrófono —. Es nytdansk, lo hablan en la mayoría de los planetas del área polar — conectó con el dedo pulgar.
— Pyrrus til rumfartskib, corto — dijo conectando el receptor. La respuesta llegó inmediatamente en el mismo idioma.
— Se solicita permiso para tomar tierra. ¿Cuáles son sus órdenes?
— Permiso denegado, y le sugerimos encarecidamente que vaya en busca de un planeta más saludable.
— Eso es de todo punto imposible, ya que traigo un mensaje para Jason Dinalt, y según informaciones que he recibido se halla aquí.
Jason miró hacia el altavoz con renovado interés:
— Su información es correcta: al habla Dinalt. ¿Cuál es el mensaje?
— No puedo transmitirlo a través de un circuito público. En estos momentos estoy siguiendo el circuito de su emisor. ¿Quiere darme las instrucciones necesarias?
— ¿Se da cuenta de que probablemente está cometiendo un suicidio? Este es el más mortífero planeta de la galaxia, y todas las formas de vida, desde las bacterias hasta los halcones gigantes (que son tan grandes como la nave que usted pilota), son enemigos del hombre. Hay algunos medios de evitar la influencia de esos seres por ahora, pero de todos modos, para un extranjero como usted, la muerte sería segura. ¿Me oye?
