
No hubo respuesta. Jason se encogió de hombros y miró hacia el radar de aproximación.
— Bueno, de todos modos la vida es la suya. Pero no vaya a decir luego, en los últimos estertores de la agonía, que no había sido advertido. Le traeré hasta aquí, pero solamente en el caso de que acceda a quedarse sin salir de su nave. Yo iré a su encuentro; de ese modo habrá bastantes probabilidades de que el ciclo de descontaminación en la cámara de desinfección de su aparato, mate la vida microscópica.
— Eso está bien — fue la respuesta —. Como comprenderá no tengo ningunas ganas de morir. Lo único que quiero es entregar el mensaje.
Jason orientó la nave hacia el lugar donde se hallaban, y estuvo observando al mismo tiempo su emersión de entre las nubes, hasta que llegó a posarse con un ligero chasquido de llantas y chirriar de frenos.
— Se ha posado de un modo terrible — murmuró el operador de radio; luego volvió a sus mandos desinteresándose por el extranjero. Los de Pyrran nunca se mostraban muy curiosos por las cosas a no ser que tuvieran una desmedida importancia.
Jason era el extremo totalmente opuesto. La curiosidad le había llevado a Pyrrus, y le había envuelto en una guerra que se extendía por todo el planeta, y que casi le había costado la vida. En estos mismos momentos era la curiosidad lo que le impulsaba hacia la nave. Pero la verdad era que si en esta ocasión se metía en algún problema, no podría esperar ayuda de nadie.
— Me sé cuidar por mí mismo — se dijo con convicción de sus palabras; y cuando alzó la mano el revólver resbaló de la pistolera que llevaba sujeta a la muñeca, yendo a parar a su mano. Ya tenía el dedo índice contraído, y cuando el gatillo sin seguro cayó sobre el dedo sonó un solo disparo, que hizo blanco a través de la distancia en el punto exacto que había escogido como diana.
