— No, Cassylia no quiere la devolución del dinero — repuso Mikah mientras cerraba los controles y su cuerpo describía media circunferencia al girar sobre la silla —. Y tampoco quieren que vuelva usted, puesto que se ha erigido en su héroe planetario. Cuando usted escapó con sus podridas ganancias, llegaron a la conclusión y el convencimiento de que ya nunca volverían a ver el dinero. Pusieron en funcionamiento su bien dirigido sistema de propaganda, hasta el punto de que ahora es usted conocido a través de todo el sistema estelar adyacente bajo el sobrenombre de «Jason Tres Billones», la prueba viviente de la honestidad de sus juegos deshonestos, y un atractivo para todos los débiles de espíritu. Usted fue la tentación para hacerles jugar en busca de dinero en lugar de trabajar honestamente para conseguirlo.

— Le ruego que me disculpe por hallarme hoy lo suficientemente falto de reflejos como para no seguir a la perfección el hilo de sus razonamientos — expuso Jason agitando la cabeza como si quisiera desprenderse del aturdimiento que todavía le embargaba —. No llego a percatarme debidamente de la intención de sus palabras. ¿Qué clase de policía es usted que me detiene con ánimo de que sea sometido a un juicio, después de que todos los cargos han sido retirados?

— No soy un policía — explicó Mikah pausadamente, entrelazando los dedos a la altura de las rodillas, y abriendo los ojos de par en par de un modo penetrante —. Yo soy uno de los creyentes en la Verdad… y nada más. Los corrompidos politicastros que dirigen Cassylia le han alzado sobre el pedestal del honor. Rindiéndole honores a usted, a otro, y a otro más corrupto todavía, si es que es posible, ellos han incrementado sus fortunas, amparándose en la imagen que de usted y los otros si los hay, han creado. Pero yo voy a hacer uso de la Verdad para destruir esa imagen, y cuando haya conseguido destruir la imagen habré conseguido desterrar el demonio que la produjo.



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