
— Una gran empresa para un hombre — repuso Jason tranquilamente, con más tranquilidad quizá de la que realmente sentía —. ¿Tiene un cigarrillo?
— Por descontado que en esta nave no hay tabaco ni bebidas alcohólicas. Y conste que yo soy algo más que un hombre… Tengo mis partidarios. El Partido de la Verdad se ha constituido en un poder que hay que reconocer. Nos ha costado mucho trabajo y mucho tiempo apoderarnos de usted, pero merecía la pena. Hemos seguido el rastro de su vida deshonesta en los últimos tiempos, desde el planeta Mahaut, hasta el casino Nebula de Galipto, y a través de toda una serie de sórdidos delitos, capaces de revolver el estómago de cualquier hombre honesto. Poseemos mandamientos de detención de cualquiera de esos lugares, y hasta en algunos casos ha llegado hasta nosotros el resultado de los juicios y la sentencia de muerte definitivamente dictada.
— ¿Supongo que para nada preocupa su alto sentido de la legalidad que esos juicios se hayan llevado a efecto en mi ausencia? — ironizó Jason —. ¿O que yo haya robado solamente a casinos y jugadores que al fin y al cabo constituyen del robo a los incautos su medio de vida?
Mikah Samon despreció tales consideraciones con un gesto despectivo de la mano:
— Se ha demostrado su culpabilidad en un buen número de delitos. De nada le servirá querer defender su posición con frases o razonamientos más o menos bien hechos. Tendría que estar agradecido al fin y al cabo, de que su…, digamos…, dispar conducta anterior, sea ahora la base sobre la que se apoyan otros nobles propósitos. Esta será la palanca con la que haremos caer al infraestructurado y mal constituido gobierno de Cassylia.
