¿Se extingue el horizonte,sus gotas de sal cubiertas de invierno?¿Qué vendrá tras la lluvia?,¿días enteros que jamásrecuerden sus mañanas?Deja ya de ordenarle a la rosaque se recline frente al hacha.Observa los bordadosque la noche ha tejido en mi lecho.Miro a lo lejos y mis ojosson el redil oscuroque un confín acoge esperandoverlos hundirse para siempre en la tierra.Mis ojos desnudosque el viento se llevabaallende el amanecer con su canciónmás delicada, al relente del cielo.Silenciosa aliada de la Luna,confieso que aguardo tu regresocomo un niño que esperaa sus recuerdos paraencerrarlos en un barril de oro,y jugar con ellos al morir.Yo también fui un guerrero.Con mi locura y mi sonrisapartí por la mitadesta vida desdichada.¿Qué dios vendió mis manosa una tumba vacía en la batalla?¿Qué honor de dios agresteproclamó impunementeque el mundo es mi final,mi pequeña sentencia?
III
No, no sabría dónde herirte.Me debato entre sueñosy cavo mi caminoa impulsosque engendra en mis manesel sucio mediodía.Dos veces me abraséen un lugar donde la luzposó sus dedos,igual que un viejo que se vistecon instantes de vida, con cuidado.Y vislumbré la bóveda celeste,sus fauces en agrazsobre estas soledadesque tú llamas «el resto de los días».No, no sabría dónde herirte,¿acaso soy la vida?