soñando, ebrio de vino,con madrugadas de esplendorque se perdieron por tu boca.En la arena de la vidate encontré girando como un astro queal espacio se entregaporque piensa que todo es alegría.– Y los aires temblabanbajo el gozo del cielo yte amé demorándome encada humilde caricia-.Fui en busca de las altasmontañas que expían sus verdorescolina abajo,mientras los ríos las circundan.Habrá un tiempo después para nosotros,cuando vuelvan las aves migradorasy ensombrezcan los ángelesla noble resistenciade los arcos de piedra por las plazas.Vendrá un tiempo,en mitad del atardecer,en que no me equivoque,como gema que confíaen sus cuestiones personales,que regala su hermosuray le avisa a la noche que se hagaantes de que ella estallecon gusto en su destino.¿Dónde, dónde nos detendremosel uno frente al otro,como una realidad entredos distancias iguales?Tal que en la oscuridadel mar bogara hacia la tierraenvenenado por la luz desdeñosaque la mañana enciende yluego apaga sin piedad.Azul fue mi país,y se adentró en la noche.
V
He nacido para las cosas invisibles.No me conocen las mañanas de estío.He nacido carneque se alivia en tinieblas y palabras,que existe en el regazo de los siglosporque la orla la muerte.No temo a la desgracia,a la existencia,a mis sueños tan solos.El tiempo viajarácomo una tórtola distraídaque vuela en cada huecode este instante,y yo te iré perdiendo suavemente,igual que el Solle dicta sus colores a la aurora.