que el pan y la luz los esperen, compasivos,detrás de la puerta.

Beatriz de Ahumada

(madre de Santa Teresa de Ávila, primera mitad del siglo XVI)

Yo fui la segunda esposade mi marido, el mercaderAlonso de Cepeda, hombre de caridad.Me casé a los catorce años.Mi esposo era viudocon tres hijos cuando plantóen mí su semilla de hombre.«Para siempre», decía, «para la eternidad…»Entre un embarazo y otro,estuve enferma sin cesar.Di a luz nueve hijos sanos,fui madre de una santaque andaba locapor los libros de caballerías,jugando con su hermano Rodrigoa descubrir el Santo Grialen la cocina. Mi alfabetoespiritual fue servir a mi esposoponiendo mis entrañasal servicio de su deseo.A los treinta y tres añosme llegó la hora de veral Señor cara a cara, ydejé a mis hijoslo que mi corazón dio de sícomo herencia:la resignación de mi carne viva,el mapa de mi piel exhausta.

Madre locura

(Lyon, 1560)

Ningún hombre puede ser mejor conquistado

que dándole lo que le place.

El Ménagier de París

Ya sé que no soy mujer,pedazo de idiota,tampoco lo deseo.Soy la Madre Locura:un varón vestido con las faldasde la abuela. Peromás hombre que tú. Haré chanzade ti, el comerciante de sedaslastimero, pelelede tu esposa,gorrioncillo anidadoen su regazo de matrona.Eres nuestra vergüenza.Dejas que tu mujer te pegue,esa arpía con pestañas de espinas


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