Él le señaló con la cabeza la parte trasera del coche. Ella percibió un diminuto agujero en el lóbulo de su oreja.

Esas pinturas que hay en el maletero -dijo-, ¿es un hobby o un trabajo?

'Trabajo. Hago retratos de niños y mascotas. Y murales. -¿ No es difícil captar clientes yendo de aquí para allá?

– No demasiado. Por lo general, busco un barrio de clase alta y dejo propaganda de mi trabajo en los buzones. Normalmente funciona, aunque no en una ciudad como Rawlins Creek donde los barrios exclusivos ni siquiera existen.

– Lo que explica el disfraz de castor. ¿Y cuántos años tienes, si no te importa decirlo?

– Treinta. Y no, no miento. No puedo evitar parecer más joven.

– SafeNet.

Blue se sobresaltó cuando una incorpórea voz femenina invadió el interior del vehículo.

– Comprobación de rutina -ronroneó la mujer.

Dean adelantó a un tractor que iba a paso de tortuga.

– ¿Elaine?

– Soy Claire. Elaine libra hoy.

La voz provenía de los altavoces del coche.

– Hola Claire. Hace tiempo que no hablo contigo.

– -Fui a visitar a mi madre. ¿Cómo te trata la carretera?

– No hay queja.

– Cuando vuelvas a Chicago, ¿por qué no te pasas por San Luis? Tengo un par de filetes en el congelador que llevan tu nombre.

Dean ajustó la visera del sol.

– Eres demasiado buena conmigo, cariño.

– Nada es demasiado bueno para el cliente favorito de SafeNet.

Cuando finalmente cortó la comunicación, Blue puso los ojos en blanco.

– Seguro que las tienes haciendo cola, ¿no? Qué desperdicio.

Él se negó a entrar en el juego.

– ¿Nunca has sentido el deseo de establecerte en algún lugar? ¿O la razón por la que te mudas con tanta frecuencia tiene que ver con algún programa de protección de testigos?



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