
«Son los hombres como tú que se pasan el tiempo babeando por las mujeres con unos pechos de silicona de ese tamaño, los que incitan a las pobres chicas inocentes con unos senos perfectamente normales a hacerse un aumento de mama. Las mujeres deberían concentrarse en expandir sus horizontes, no sus senos.» Aquello lo había hecho sentirse mal por todas las operaciones de aumento de pecho, pero Annabelle era así. Tenía opiniones muy definidas, y no se andaba con chiquitas. Annabelle era una buena amiga, pero entre que estaba casada con Heath Champion, ese agente parásito suyo, y que acababa de nacer su segundo hijo, no podía dedicarle a él demasiado tiempo.
Ese mismo día había pensado un montón en Annabelle, puede que porque Castora también tenía fuertes convicciones y tampoco parecía interesada en impresionarle. Era extraño estar con una mujer que no le hacía insinuaciones. Por supuesto, él le había dicho que era gay, pero ella había averiguado que era una farsa hacía por lo menos doscientos kilómetros. Bueno, a pesar de todo, ella había intentado seguir con el jueguecito. Pero la pequeña Bo Beep no podía jugar a su mismo nivel.
Blue se quedó boquiabierta cuando vio el hostal de tres pisos perfectamente iluminado. A pesar de todo lo que le había exasperado hoy, él no estaba aún preparado para darle la patada. En primer lugar, quería que le pidiera dinero. En segundo lugar, había sido una buena compañía. Y además, no podía ignorar que había estado empalmado por culpa de ella los últimos trescientos kilómetros.
