
– Estaba haciendo una promoción para la tienda de bricolaje El Gran Castor de Ben, ¿vale?
– ¿Cuando dice promoción quiere decir…?
– Al parecer el negocio no marcha todo lo bien que debiera, o por lo menos, eso es lo que me dijeron. Llegué a la ciudad hace nueve días. -Señaló con la cabeza-. Esta carretera conduce a Rawlins Creek y a la tienda de bricolaje de Ben. Esa autopista de ahí atrás, la de los cuatro carriles, conduce a la tienda de bricolaje Home Depot.
– Ya empiezo a entenderlo.
– Exacto. Cada fin de semana, Ben contrata a alguien para que se pasee por la carretera con carteles que anuncian los negocios que hay de camino a su tienda y así atraer compradores. He sido la última en picar.
– La recién llegada a la ciudad.
– Es difícil encontrar a alguien lo suficientemente desesperado como para hacer el trabajo dos fines de semana seguidos.
– ¿Y el cartel? No importa. Lo habrá dejado con la cabeza.
– Era imposible regresar a la ciudad con la cabeza puesta.
Lo dijo como si él fuera corto de entendederas. Dean sospechaba que esa mujer ni siquiera habría intentado regresar al pueblo con el disfraz puesto si llevara ropa debajo.
– No he visto ningún coche por la carretera -dijo él-. ¿Cómo llegó hasta allí?
– Me llevó la mujer del dueño después de que mi Camaro escogiera precisamente este día para pasar a mejor vida. Se suponía que tenía que venir a buscarme hace una hora, pero no apareció. Estaba tratando de decidir qué hacer cuando de pronto vi al rey de los gilipollas en el Ford Focus que yo misma le ayudé a pagar.
– ¿Su novio?
– Ex novio.
– El que quiere asesinar.
– No estoy bromeando. -Miró por el lado de la cola-. Allí está la iglesia. Gire a la derecha.
– ¿Si la llevo al lugar del crimen, me convertiré en su cómplice?
– Sólo si quiere.
– Claro. ¿Por qué no? -Giró en la calle llena de baches que conducía a un barrio residencial de clase media donde la mayoría de las destartaladas casas estilo rancho estaban rodeadas de hierbajos. Aunque Rawlins Creek estaba sólo a unos treinta kilómetros al este de Denver, no corría peligro de convertirse en una ciudad dormitorio popular.
