
—Papá dice que ahora estoy empezando a comprender.
—Sólo has de pensar que antes de que cumplas cien años, el pueblo de Korolev ya será una ciudad con mucha gente, un par de millares de personas, por lo menos, que deberás conocer y que serán más interesantes y más apreciados que los criminales.
—Pero no vamos a esperar a que esto suceda. Quiero estar con mucha gente, con centenares al menos. ¿Pero cómo puedes resistir estar siempre encerrado en un rincón del tiempo?
Le miró y de repente pareció entender que toda la vida de Brierson había estado comprendida en un siglo.
—Vamos a ver. ¿Cómo te lo puedo explicar? Mira: Allá, de donde viniste, ¿había viajes aéreos y espaciales, verdad?
Brierson asintió.
—Podías ir a cualquier lugar que eligieras. Pero ahora supón que tienes que pasar toda tu vida en una casa situada en un profundo valle. Algunas veces te cuentan historias de otros lugares, pero tú nunca puedes salir del valle. ¿No te volverías loco? Así me siento yo cuando pienso en una parada definitiva en Korolev. Ya llevamos aquí seis semanas. No es demasiado tiempo si se compara con otras escalas que hemos hecho, pero es lo bastante prolongada como para que me inspire este sentimiento. Los animales no cambian. Miro a mi alrededor y las montañas no hacen más que estar allí —hizo un pequeño gesto de frustración—. ¡Oh! No puedo explicarlo. Pero vas a poder ver algo de esto, quiero decir esta noche. Papá os enseñará el video que hemos hecho. ¡Es precioso!
Wil sonrió. Las burbujas no podían cambiar el hecho de que el tiempo es un camino de una sola dirección.
Ella vio la negativa en sus ojos.
—Debes sentir lo mismo que yo. ¿Ni un poquito? Quiero decir: ¿Por qué te pusiste en estasis, para empezar?
El negó con la cabeza.
—Tammy, aquí hay muchas personas que nunca pidieron ser burbujeadas… A mí me secuestraron.
Había sido un caso de engaño de la más baja estofa.
