Una mano tocó su hombro y una voz femenina llegó a sus oídos.

—Hey, Sr. Brierson ¿verdad que es usted policía?

Wil vio unos ojos azules que estaban a unos centímetros de él. Tammy Robinson se había puesto de puntillas para gritarle al oído. Cuando hubo atraído su atención, se quedó en pie, lo que la dejaba a la respetable altura de un metro ochenta centímetros. Vestía el mismo impoluto vestido blanco que había llevado antes. Su banda de interfaz parecía una pieza de joyería y apartaba hacia atrás su larga cabellera. Su sonrisa estaba enmarcada por hoyuelos: hasta sus ojos parecían sonreír.

Brierson le devolvió la sonrisa.

—Sí. Por lo menos, antes era una guindilla.

—¡Oh, vaya! —Se colgó de su brazo y se apartaron del fuerte ruido—. Nunca había visto un policía, hasta ahora. Pero supongo que esto no es decir mucho.

—¿Sí?

—Sí. He nacido unos diez megaaños después de la Singularidad, lo que Juan llama Extinción. He leído y visto todo lo que se refiere a policías, criminales y soldados, pero en realidad jamás me había encontrado realmente con uno hasta ahora.

Wil rió.

—Bien, ahora ya puedes conocer a los tres.

Tammy se avergonzó.

—Lo siento. En realidad no soy tan ignorante. Ya sé que los policías son diferentes de los criminales y de los soldados. Pero esto es muy raro: todas estas carreras no pueden existir a menos que mucha gente decida vivir junta.

Mucha gente. O sea, más de una familia. Brierson vio el abismo que les separaba.

—Creo que te gusta tener a otras personas a tu alrededor, Tammy.

Ella sonrió y le apretó el brazo.



22 из 334