
Ella le salpicó, más débilmente que de costumbre, y dijo algo muy parecido a «¡Anda y que te den!».
Pero se acercó más cuando él se agachó para meter la mano en el agua y saludarla.
2. CAMISAS Y PIELES
Hacía años que los antiguos Gobiernos norteamericanos habían arrasado la Franja Fronteriza para controlar los movimientos hacia y desde México. Se había creado un desierto donde antes se encontraban dos ciudades.
Desde el Vuelco y la destrucción de la opresiva Burocracia de los antiguos Gobiernos sindicados, las autoridades de la Confederación habían conservado aquella zona como parques. La zona fronteriza entre San Diego y Tijuana era ahora una de las áreas arboladas más grandes al sur del Parque Pendleton.
Pero eso estaba cambiando. Mientras conducía su coche alquilado a lo largo de la autopista elevada, Jacob vio signos de que el cinturón volvía a su antiguo cometido. A ambos lados de la carretera había cuadrillas trabajando, talando árboles y erigiendo finos postes a intervalos de cien metros al este y el oeste. Los postes eran vergonzosos. Jacob apartó la mirada.
Una gran pantana y un cartel blanco colgaban donde la línea de postes cruzaba la autopista.
Nueva Frontera: Reserva Extraterrestre de La Baja. Los residentes de Tijuana que son no-ciudadanos deben presentarse al ayuntamiento para sus generosos bonos de reubicación.
—Oderint dum metuant —gruñó Jacob mientras sacudía la cabeza. Que odien mientras teman. No importa que una persona haya vivido en una ciudad toda su vida. Si no tiene derecho a voto, tiene que quitarse de en medio cuando llega el progreso.
Tijuana, Honolulú, Oslo, y otra media docena de ciudades estarían incluidas cuando las reservas de etés aumentaran de nuevo. Cincuenta o sesenta mil condicionales, tanto permanentes como temporales, tendrían que ponerse en marcha para que esas ciudades fueran «seguras» para un millar de alienígenas. La molestia sería pequeña, por supuesto. La mayor parte de la Tierra estaba aún prohibida a los etés, y los no-ciudadanos todavía tenían espacio de sobra. El Gobierno ofrecía también grandes compensaciones.
