Pero una vez más había refugiados en la Tierra.

La ciudad apareció de repente en el borde sur de la Franja. Muchas de sus construcciones seguían un estilo español o revival español, pero en general mostraba la experimentación arquitectónica típica de una ciudad mexicana moderna. Los edificios eran blancos y azules. El tráfico a ambos lados de la carretera llenaba el aire con un leve zumbido eléctrico.

Por toda la ciudad carteles metálicos verdes y blancos, como el que había en la frontera, anunciaban el cambio inminente. Pero uno, cerca de la autopista, había sido pintado con spray negro. Antes de que se perdiera de vista, Jacob pudo ver las apresuradas palabras «Ocupación» e «Invasión».

Pensó que la pintada la había hecho un condicional permanente. No era probable que un Ciudadano hiciera algo tan arriesgado, con cientos de formas legales para expresar su opinión. Y un condicional temporal, condenado por algún delito, no querría que su sentencia aumentara. Un temporal tendría la certeza de ser capturado.

Sin duda algún pobre permanente, arriesgándose a ser condenado, había aireado sus sentimientos, sin preocuparse por las consecuencias. Jacob simpatizó con él. Probablemente el C.P. estaba ahora bajo custodia.

Aunque la política no le interesaba especialmente, Jacob procedía de una familia de políticos. Dos de sus abuelos fueron héroes durante el Vuelco, cuando un pequeño grupo de tecnócratas consiguió derribar la Burocracia. La política de la familia hacia las Leyes Condicionales era de vehemente oposición.

Durante los últimos años, Jacob había adquirido la costumbre de evitar los recuerdos del pasado. Sin embargo, ahora una imagen se abrió paso en su mente.



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