Estoy en deuda con Nicholas Delbanco, por su lectura y sus comentarios críticos; con Michael Koskoff, por su ayuda y sus consejos; con Christopher Stringer, por haberse leído los pasajes científicos clave; con Myra Shackley, por el material, de incalculable valor, contenido en sus dos libros sobre los neandertales, detrás de los cuales hay un minucioso trabajo de investigación científica; con Walter Parkes, por sus útiles sugerencias, y con Peter y Susan Osnos, por su apoyó y por haberme ofrecido su casa varios veranos, durante los cuales escribí gran parte de este libro.

Asimismo quisiera manifestar mi agradecimiento a Joseph Lelyveld y a Bill Keller, editor directivo, el primero, y editor de la sección extranjera, el segundo, de The New York Times, por haberme concedido amablemente algunos días de vacaciones para que pudiera cumplir con el plazo de entrega del manuscrito; a Marion Underhill, Sue Nestor y Tony Beard, de las oficinas londinenses de The New York Times, que me brindaron apoyó logístico sin queja alguna; a Jon Karp, mi nuevo editor de Random House, quien, de buenas a primeras, se enfrasco en el trabajo de dirigir la redacción del manuscrito en su fase final; y a Kathy Robbins, mi agente y amiga, que es sencillamente la mejor en su trabajo.

Y gracias, naturalmente, a mis hijos, Kyra, Liza y Jamie Darnton, cuya ilusión, ardor y sugerencias me fueron de un inconmensurable valor, y a la persona que mas hizo por animarme, por escucharme, por aportarme ideas geniales, por volver a escribir lo ya escrito, por imprimir, por darme la mano, por enjugarme la frente, por negociar y, en general, por estar siempre a mi lado: Nina Darnton.

En 1910, Geoffrey Bakersfield-Smyth, un erudito aventurero de Leeds, entregado a su pasión por coleccionar y clasificar flores alpinas, entro por casualidad en el Museo Nacional de Antigüedades y otros Objetos de Dushanbe, en el kanato de Bujara.



2 из 402