

Anne Marie Winston
Negocio Arriesgado
Uno
Sylvie Bennett cerró la puerta del 4A y empezó a bajar las escaleras de su edificio de apartamentos, situado en el 20 de Amber Court. Cuando llegó a lo alto de la majestuosa escalinata de mármol que conducía al vestíbulo, aminoró el paso. A través de los cristales que rodeaban la pesada puerta principal, vio que empezaba a nevar copiosamente sobre su ciudad natal, Youngsville, en Indiana.
«Estupendo», pensó, muy enojada. Una tormenta de nieve era lo último que necesitaba aquel día. Normalmente, le gustaba ir andando a trabajar en vez de tomar el autobús, pero, aquella mañana en particular, quería tener un aspecto elegante y profesional. Unas mejillas enrojecidas y el pelo alborotado no encajaban en absoluto con aquel perfil.
Su espíritu, normalmente muy alegre, se hundió un poco más cuando pensó en lo que tenía la intención de hacer aquel día. Era muy probable que, aquella noche, volviera a casa sin trabajo.
– ¡Sylvie! ¡Buenos días!
Su mal humor desapareció al ver a su patrona, Rose Carson. Un bonito vestido de franela cubría las generosas curvas de la mujer. Tenía un aspecto cálido y accesible, como para darle un abrazo. Si Sylvie hubiera soñado alguna vez tener una madre, lo que no se había permitido hacer desde hacía mucho tiempo, Rose habría sido la candidata perfecta. Sylvie valoraba mucho su amistad.
– Hola, ¿cómo estás esta mañana? -preguntó la joven, mientras bajaba las escaleras y se acercaba a la puerta de Rose. La mujer estaba allí de pie, con su periódico en la mano.
– Estoy estupenda -respondió Rose, alegremente-. ¡Me da la sensación de que hoy va a ocurrir algo maravilloso!
Sylvie sonrió tristemente al recordar sus pensamientos de solo hacía unos pocos segundos antes.
