Harlan Coben


Ni una palabra

Hold Tight

En memoria de los cuatro abuelos de mis hijos:

Cari y Corky Coben

Jack y Nancy Armstrong

Os echamos mucho de menos a todos.


Nota del autor

La tecnología utilizada en este libro es real. No sólo es real, sino que el programado y el equipo descrito están en venta y al alcance de todos. Los nombres de los productos se han cambiado, pero, vaya, ¿a quién va a detener esto?

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Marianne jugueteaba con su tercer chupito de Cuervo, maravillándose de su infinita capacidad para destruir todo lo bueno que podía haber en su lastimosa vida, cuando el hombre que estaba a su lado gritó:

– ¡Oye, preciosa, el creacionismo y la evolución son perfectamente compatibles!

La saliva del hombre acabó en el cuello de Marianne. Ella hizo una mueca y lanzó una rápida mirada al hombre. Llevaba un gran bigote poblado que parecía salido de una película pornográfica de los setenta. Estaba sentado a la derecha de Marianne. La rubia oxigenada con los cabellos encrespados a quien intentaba impresionar con aquella charla tan estimulante estaba sentada a su izquierda. Marianne era el desafortunado embutido de aquel malogrado sándwich.

Intentó ignorarlos. Contempló su vaso como si fuera un diamante que estuviera evaluando para un anillo de compromiso. Marianne tenía la esperanza de que esto hiciera desaparecer al hombre del bigote y a la mujer de cabellos pajizos. Pero no fue así.

– Estás loco -dijo Pelopaja.

– Tú escúchame.

– De acuerdo. Te escucho. Pero creo que estás loco.

– ¿Queréis cambiar de taburete, para poder estar al lado? -preguntó Marianne.



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