– ¿Tia?

Tia estaba hojeando el expediente. Intentaba centrarse en el caso, en Beck, en la deposición y en la posibilidad de ir a Boston. Pero el maldito informe de E-SpyRight no paraba de darle la lata. Miró a su jefa.

– ¿Estás pensando en algo? -preguntó Hester.

– Sólo en esta deposición.

Hester frunció el ceño.

– Bien. Porque este tipo es un montón de mierda mentirosa. ¿Me comprendes?

– Mierda mentirosa -repitió Tia.

– Sí, señora. Está claro que no vio lo que dice que vio. No es posible. ¿Me entiendes?

– ¿Y quieres que lo demuestre?

– No.

– ¿No?

– Más bien lo contrario.

Tia frunció el ceño.

– No te entiendo. ¿No quieres que demuestre que es un borrico mentiroso?

– Así es.

Tia se encogió de hombros.

– ¿Te importa explicarte?

– Me encantaría. Quiero que te sientes con él, le sonrías y le hagas millones de preguntas. Quiero que te pongas algo ajustado y más bien corto. Quiero que le sonrías como si fuera una primera cita y todo lo que diga te pareciera fascinante. No debe haber escepticismo en tu tono. Todo lo que diga es una verdad evangélica.

Tia asintió.

– Quieres que hable con total libertad.

– Sí.

– Lo quieres todo grabado. Toda la historia.

– También, sí.

– Para poder desmontar su versión en el juzgado.

Hester arqueó una ceja.

– Y con el famoso estilo Crimstein.

– De acuerdo -dijo Tia-. Entendido.

– Pienso servir sus pelotas para desayunar. Tu tarea, siguiendo con la metáfora, es comprar los víveres. ¿Puedes hacerlo?

El informe del ordenador de Adam: ¿cómo debería hacerlo? Primero llamar a Mike. Juntarse, leerlo y decidir qué hacer a continuación…

– ¿Tia?

– Sí, puedo hacerlo.

Hester dejó de caminar. Dio un paso hacia Tia. Era un palmo más bajita, pero a Tia no se lo parecía.

– ¿Sabes por qué te he elegido para esta tarea?



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