
– Él tenía su propio apartamento en el segundo piso del mismo edificio. Yo pasé la noche con Leila. Durmió hasta el mediodía. Cuando despertó se sentía muy mal. Le di una aspirina y volvió a la cama. Llamé a Ted por ella. Estaba en su oficina. Él me pidió que le dijera a Leila que pasaría a verla alrededor de las siete.
Elizabeth sintió que le temblaba la voz.
– Siento tener que continuar, pero piense que esto es un ensayo. Cuanto más preparada esté, más fácil le resultará todo cuando se encuentre en el estrado.
– Está bien.
– ¿Usted y su hermana hablaron sobre lo ocurrido la noche anterior?
– No. Era obvio que ella no quería hablar de eso. Estaba tranquila. Me dijo que me fuera a mi apartamento y me instalara. Había dejado las maletas en mi casa y salió corriendo para el teatro. Me pidió que la llamara alrededor de las ocho para comer juntas. Pensé que se refería a que ella, Ted y yo comeríamos juntos. Pero después dijo que no pensaba aceptar nuevamente el anillo. Que había terminado con él.
– Señorita Lange, esto es muy importante. ¿Su hermana le dijo que pensaba romper su compromiso con Ted Winters?
– Sí. -Elizabeth bajó la mirada hacia sus manos. Recordó cómo las había puesto en los hombros de Leila y luego las había pasado por su frente.
– Oh, basta Leila. No hablas en serio.
– Sí, Sparrow.
– No, no es verdad.
– Piensa lo que quieras, Sparrow, pero llámame alrededor de las ocho, ¿está bien?
El último momento que pasó con Leila fue cuando le puso la compresa fría sobre la frente y le acomodó las mantas pensando que en unas pocas horas volvería a ser la misma de antes, alegre, divertida y dispuesta a contar el cuento. «Así que despedí a Syd, arrojé el anillo de Ted y abandoné la obra. No está mal para ser los dos últimos minutos que pasamos en “Elaine’s”.» Luego, echaría hacia atrás la cabeza y, en retrospectiva, todo se tomaría gracioso: una estrella con una rabieta en público.
