Ambos eran muy delgados, llevaban dias sin afeitarse y tenian el pelo muy negro, abundante y grasiento. Apenas si se diferenciaban por los bigotes y las patillas del Piter, que lo hacian un poco mas rocker que heavy. El resto de las facciones casi les hermanaba: rostro huesudo, anguloso, chupado y duro, como cincelado en piedra. Por su expresion, se diria que estaban irritadisimos con la humanidad en general. Como si desde primera hora de la manana toda la gente del barrio se los hubiera estado toreando y tomandoles el pelo, y acabaran de decidir que ya estaba bien.

Lo peor de todo era que me veian a mi como la gota que habia hecho rebosar el vaso.

Trate de anticiparme:

– Eh, Puti, ?no me conoces…?

Me senalo con su dedo indice de una sucia, y me hizo el mismo efecto que si me apuntara con una Magnum 357 cargada con balas dum dum.

– Eres tu quien no me conoce a mi -dijo-. No me gustan las bromas, ni siquiera cuando estoy de buen humor. Hoy tienes suerte, ?de acuerdo?

Me parecio una persona un poco incoherente. Considere que la ilacion de sus pensamientos era bastante caotica. Pero no se lo dije. Tarde o temprano, en algun momento de su vida, ya lo descubriria por si mismo.

– Pero que pasa, colegui -dije con la sonrisa mas ancha y mas estrepitosa de toda mi carrera-. Si solo venia a… -«Improvisa, Flanagan, improvisa y compralos, o la cosa empeorara»- a… devolveros la pasta que perdisteis ayer…

Pasta. Aquello si que lo entendia el Puti.

– ?Pasta? -dijo.

– ?Perder? -abundo el Piter.

– ?Donde?

– ?Donde, donde, donde…! -hice yo, jugandome vida-. ?Donde estuvisteis ayer por la noche?

– ?Anoche?

Trague saliva.



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