
Me miro como preguntandose cuanto rato le duraria yo en un callejon solitario y se fue a preparar las cervezas y las aceitunas.
Ya os lo podeis imaginar: al servirles, les diria: «De parte del colega de la barra», y ellos se volverian y alzarian las birras a modo de saludo, sonriendo, y yo tendria un motivo para acercarme a ellos, muy natural y desenvuelto. «Eh, Puti, ?como te trata la vida…?»
El camarero les sirvio las cervezas y las aceitunas. Les dijo algo. El Puti y el Piter no le hicieron el mas minimo caso. Estaban alucinados con Doro Pesch, que cantaba el Burning The Witches. Empezaron a beber y a picar como si fuera muy normal que aquello les hubiera caido del cielo, como el mana.
Llame al Fernando Esteso.
– Eh.
– Que.
– Ponles tambien unas patatas. Unas «chips».
El Fernando Esteso se armo de paciencia.
– Mira, hijo -refunfuno-. No quiero peleas en mi bar. Si buscas bronca, llamas desde una cabina y le pides hora al Puti, pero en otra parte.
– Pero, ?de que hablas, tio? Si solo pretendia ser amable… Llevales unas patatas y diles que es de mi parte, hombre…
– Mira que si hay sarao, cuando lleguen los de la bofia les dire que tu eres el responsable y que pagaras los destrozos del local, ?entendido?
– De acuerdo, tio. Pero no te preocupes, que no pasara nada…
Se resigno. Dio media vuelta y fue a buscar una bolsa de patatas. Le segui con la mirada. Vi como llegaba a la mesa, como hablaba con el Puti y con el Piter, como les tocaba en el hombro para llamar su atencion, como repetia todo lo dicho y me senalaba a mi y, por fin, se volvieron los dos.
Yo sonrei, e hice un ademan de brindis con mi birra.
Se incorporaron lentamente, encorvados y manteniendo las manos alejadas del cuerpo, como quien se prepara para propinar o esquivar punetazos. Pero, ?que les pasaba? ?Si yo solo pretendia ser amable…!
