
Maria Gual se habia quedado petrificada.
– ?Como te has enterado?
– Porque hasta hace un mes, tu hermano Elias estaba colado por Clara Longo. Y yo soy un experto en Clara Longo, ?sabes?
Movio la cabeza, haciendo un visible esfuerzo por tragarse mi exhibicion.
– De acuerdo, tienes razon -admitio-. Ahora el cobertizo lo tiene Elias. Pero dejara de tenerlo cuando mi padre le obligue a vender la moto y le ponga a trabajar.
– ?Y cuando ocurrira esto?
– ?Cuando tu les demuestres a mis padres que Elias es un delincuente juvenil!
– ?Delincuente juvenil?
– Eso es. Ya sabes como son mis padres. Rigidos y severos como la vara de un maestro. -Y, con esa rabia que se reserva para los hermanos mas queridos, Maria Gual anadio-: ?Que crees que diran cuando se enteren de que se pasa el dia con la banda del Puti, en el bar La Tasca?
– ?Con el Puti? -dije yo.
– M-mh -hizo ella.
Empece a sentirme interesado por el caso. Habiamos llegado al Parque y nos sentamos en uno de los bancos. Desde alli podiamos contemplar como los ninos se caian de los columpios y berreaban a pleno pulmon, dandoles sustos de infarto a sus madres.
Aquello iba en serio.
El Puti era el jefe de una banda de heavies que pasaban las horas haciendo salvajadas con las motos y peleandose con los punkies de las Casas Buenas. Malas lenguas afirmaban que tambien se distraian yendo de noche al cementerio, con chicas, a beber cerveza y, de paso, a robar cadenas, argollas y apliques metalicos de los panteones. Esas malas lenguas anadian que vendian ese botin sepulcral al mismisimo Lejia…
Donnng. Campanada.
