
Hablamos al estilo de Ozzie and Harriet.
– No hay problema -dije-, no quiero perderme la nueva película de Disney.
– La nueva chica de Disney es una chica y media -dijo Shauna-. Desde Pocahontas no habían hecho nada tan bueno.
– Me alegra saberlo -dije-. ¿Se puede saber dónde vais tú y Linda?
– Salir me pega tres patadas. Desde que las lesbianas estamos de moda, tenemos una agenda muy apretada. Casi añoro los tiempos en que estábamos en el armario.
Pedí una cerveza. Seguramente no debí hacerlo, pero por una no llegaría la sangre al río.
Shauna también pidió una.
– O sea que has roto con aquella como se llame -comentó.
– Brandy.
– Eso. ¡Vaya nombrecito, dicho sea de paso! ¿No tendrá una hermana que se llama Whisky?
– No salimos más que dos veces.
– De acuerdo, pero era una bruja y, además, flaca. Te tengo reservada una que te iría como anillo al dedo.
– Gracias, pero no -dije.
– Tiene un cuerpo asesino.
– No quieras dirigir mi vida, Shauna, te lo pido por favor.
– ¿Por qué no?
– ¿Te acuerdas de la última vez que lo intentaste?
– Sí, con Cassandra.
– Ni más ni menos.
– ¿Qué tiene de malo?
– Para empezar, era lesbiana.
– ¡Por el amor de Dios, Beck, hay que ver lo estrecho que eres!
Sonó su móvil. Respondió echando el cuerpo hacia atrás y sin apartar los ojos de mí. Tras gruñir unas palabras, cerró el móvil.
– Tengo que irme -dijo.
Le indiqué la nota.
