– Vista al natural todavía es más guapa que en las fotos -murmuró en voz baja.

– ¿Qué? -respondí.

– Usted y ella… -y la madre juntó las manos en un gesto elocuente.

– No, ella ya está comprometida -dije.

– ¿De veras? ¿Con quién?

– Con mi hermana.

Comimos en un restaurante chino de mala muerte con un camarero chino que sólo hablaba español. Shauna, impecable con un traje azul de escote más bajo que el Lunes Negro, frunció el entrecejo:

– ¿Cerdo Mu shu en tortilla?

– Arriésgate -le aconsejé.

Nos conocíamos desde el día que ingresamos en la universidad. Por error de la oficina de registro, donde se figuraron que su nombre era Shaun, nos pusieron en la misma habitación. Ya nos disponíamos a informar de la equivocación cuando empezamos a charlar. Shauna me pagó una cerveza. Y a mí me empezó a gustar. A las pocas horas decidimos no reclamar ya que pensamos que a lo mejor nos adjudicaban a unos imbéciles por compañeros de habitación.

Yo fui al Amherst College, una institución exclusivista no de la Liga de la Hiedra pero casi, enclavada al oeste de Massachusetts. No sé si hay en el mundo lugar más pijo que éste, en todo caso yo no lo conozco. Elizabeth, que pronunció el discurso de despedida en el instituto, escogió Yale. Habríamos podido ir a la misma universidad, pero lo hablamos y decidimos que aquélla podía ser una prueba decisiva para lo nuestro. Una vez más, hicimos lo que correspondía que hicieran las personas sensatas que éramos. ¿Cuál fue el resultado? Pues que nos echábamos de menos como locos. La separación no hizo más que consolidar nuestro compromiso y dar a nuestro amor aquella dimensión que demuestra que no siempre la distancia es el olvido.

Es vomitivo, lo sé.

Entre bocado y bocado, Shauna me preguntó:

– ¿Podrías hacer de canguro de Mark esta noche?

Mark era mi sobrino de cinco años. En el último curso Shauna comenzó a salir con mi hermana mayor, Linda. Hace siete años que celebraron su unión con una ceremonia de compromiso. Mark es el producto secundario de su amor, por supuesto con ayuda de la inseminación artificial. Linda se encargó de gestarlo y Shauna de adoptarlo. Como eran un poco anticuadas, querían que su hijo tuviera un modelo masculino en su vida. Y aquí es donde entro yo.



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