
Margaret reprimió una carcajada, pero sufrió un acceso de risas histéricas. Percy y ella se sentaron precipitadamente y ocultaron sus rostros, fingiendo que rezaban, hasta que el acceso pasó. Después, Margaret se sintió mejor.
El sermón del vicario giró en torno al Hijo Pródigo. Margaret pensó que el viejo chocho bien podía haber elegido un tema más acorde con las preocupaciones de todo el mundo: la inminencia de la guerra. El primer ministro había enviado un ultimátum a Hitler, al que el Führer no había hecho caso, y se esperaba una declaración de guerra de un momento a otro.
Margaret temía la guerra. Un chico al que amaba había muerto en la Guerra Civil española. Había ocurrido justo un año antes, pero todavía se despertaba llorando por las noches. Para ella, la guerra significaba que miles de chicas más experimentarían el dolor que ella había padecido. La idea le resultaba casi intolerable.
Pero otra parte de ella ansiaba la guerra. La cobardía de Inglaterra durante la guerra española la había torturado durante años. Su país había hecho el papel de espectador pasivo, mientras el gobierno progresista electo era derribado por una pandilla de asesinos armados por Hitler y Mussolini. Cientos de jóvenes idealistas procedentes de toda Europa habían ido a España para luchar por la revolución, pero carecían de armas, y los gobiernos democráticos del mundo se habían negado a proporcionárselas. Los jóvenes habían perdido sus vidas, y las personas como Margaret se sentían airadas, impotentes y avergonzadas. Si Inglaterra se alzaba ahora contra el fascismo, podría volverse a sentir orgullosa de su país. Su corazón saltaba ante la perspectiva de la guerra por otro motivo. Significaría, casi con toda seguridad, el fin de la vida mezquina y asfixiante que llevaba con sus padres. Estaba aburrida, harta y frustrada de sus ritos invariables y de su absurda vida social. Deseaba escapar y vivir su vida, pero le parecía imposible: era menor de edad, no tenía dinero y no sabía trabajar en nada. Claro que, pensaba esperanzada, todo será diferente en tiempos de guerra.
