– Sólo un par de semanas. Después tendré que regresar al trabajo.

– ¿Y el trabajo no puede esperar algo más?

– Me temo que no. Trabajo para una productora de televisión y estamos muy ocupados en estos momentos.

David no pudo evitar escuchar la conversación. ¡Tendría que haberse imaginado que esa mujer trabajaba para la televisión! Intentó concentrarse de nuevo en el informe, pero no pudo.

Claudia se dio cuenta del enfado del hombre y redobló sus esfuerzos de coquetear con Amil. Le iba a enseñar a David que algunos hombres la encontraban atractiva. Se volvió hacia Amil y le sonrió.

– Pero ya hemos hablado bastante de mi trabajo. Estoy segura de que su vida es mucho más interesante que la mía.

¡Dios, qué mujer más irritante! David corrigió una palabra del informe con más vigor del necesario. Finalmente, la conversación entre los otros dos cesó, aunque su alivio le duró poco.

Claudia no paraba de moverse. Se retocó el maquillaje, se dio crema de manos, se limó las uñas y se perfumó. El caro y sutil perfume que ya había asociado con ella, lo invadió por completo, aunque se concentró en ignorarlo, mientras hacía que consultaba el índice.

Por supuesto, ya sólo le quedaba retocarse el peinado. David trató de no mirar cómo le brillaba el cabello con la luz del sol que pasaba a través de la ventanilla, mientras ella sacaba el peine del bolso y se lo comenzaba a cepillar.

Claudia se comenzó a aburrir. David la estaba ignorando y eso hizo que perdiera la gracia el intentar provocarlo. Miró el reloj. Todavía faltaba hora y media para llegar. Amil iba charlando con su vecino y la revista parecía expresamente diseñada para hacerla parecer una vieja. Dio un suspiro y se puso a tamborilear con los dedos sobre el brazo de su asiento.

Eso terminó de exasperar a David, que arrojó el bolígrafo enfadado.

– ¿Es que no puede estarse quieta ni dos segundos? -preguntó con los dientes apretados.



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